Gente sola busca libro



 La gente está tan sola que busca un libro que les hable. Que les hable a ellos nada más. La gente está sola, y va al redil donde se exhiben aquellos seres humanos en los templos de la cultura. La gente está irremediablemente sola. Y en eso han puesto, no ya un gran esfuerzo, sino que Internet les ha venido a huevo, al dedillo. La zona de confort nos tiene adictos e incautos ante la soledad que nos corroe. No, no estoy descubriendo América, estoy eructando una máxima, un pensamiento, una verdad también sola. La gente está tan sola que ata candados entre candados, que parten a las sucias calles y son irrecuperables. Yo estoy solo, pero no me atrevería a decir que lo estoy tanto o del todo. Tengo una custodia de carcelero y un radar de submarino crucero. Hoy en día el plomo flota en los mares, y la dialéctica, la pesadumbre frente al hecho de pensar, nos da cierta pereza o pavor. La gente sola que busca un libro, una conferencia, una congregación con los mismos límites, con las mismas inquietudes, con los mínimos entresijos donde la palabra es el único tesoro, es la única grandeza del ser humano. Porque aprendió primero a señalar con el dedo y luego pensó en ponerle nombre. El lenguaje es la única grandeza y el invento mundial que merece hacerle un homenaje a nuestra civilización, es el libro. Después de que se inventaron los libros, se inventaron los alfabetos, porque la gente está sola. La gente sola busca un libro, y el que no se ha desengañado busca compañía.

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