Del zenit al nadir



 Como me pesa este zenit que no me creo. Qué mal me sabe que te siga torturando si no te veo. Estoy apunto de cometer una locura entre tanto y tanto que deseo. Pero ya no soy bien recibido cuando voy de paseo. Encontrar el nadir es mi rollo en el que siseo. En ti ya no creo. Sobre ti ya no parloteo. Soy el influjo del subir y bajar en este lugar que aporreo. Búscame en la secuencia del apresado reo. Soy justicia leguleya, soy parte del Talmud hebreo. Soy la rama, la escoria y adoro el menudeo. En este mundo nepotiista yo soy la astilla de este iluso merodeo. Soy tu amante, soy tu esclavo, dices echarme de menos, pero te apartas cuando palabreo el mundo en una esquinita del zigzagueo. Suelo ser camino que en tus carnes saboreo el licor hecho de orgasmo pétreo. Soy el que come sopa ramen de larguísimo fideo. Soy un yugo atomizado por las lecturas de losers que yo leo. Me gusta las cartas de Van Gogh a su hermano Theo. Soy el que siembra para cosechar luego, y en esta aventura sin vivirla, ando recordando el fragor clandestino de este ínfimo secreto. Yo soy aquel que laman tóxico en el empleo, soy el alimento que se les da a los coleccionistas del arte y ciencia castigados sin recreo. Me gusta mantener la calma cuando me cabreo, Me gusta ser fugitivo de verdades antes que cautivo mintiendo. Soy el primogénito del fogón y de la pizza donde la dieta internacional está en todo el mundo de devaneo. Mandé poner sus iniciales que yo mismo deletreo en lugares remotos de chantaje y cachondeo. No leo, leo libros, recuerda que me dieron una puñalada en mi pecho y nadie vino a socorrerme en esta hemorragia del ninguneo, amasijo de crisantemos que pétalo a pétalo los arranco por que soy caminante de tu sexo. Soy poeta del extrarradio y me importa una mierda el mamoneo.

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