¿De qué está hecha la felicidad?
Esa materia o lisonjera manera de traficar con el alma humana. Díganme de qué está hecha. Alguien debe saberlo. No me pregunten por qué lo sé. Pero estoy seguro de ello. Esa vulneración que nos oprime hacia la tristeza absoluta. ¡Qué pesada es la cuesta arriba pero también pesa la bajada! Porque cuando la inercia lleva consigo el mínimo esfuerzo todo va a parar al fondo de las cosas. El fondo ineludible de que caerás a lo oscuro de lo más oscuro sin que nadie te tenga en cuenta. Si has obrado bien, si has obrado mal, qué pecado cometen los mismos que ahora sueñan y no se apiadan de ti ni de la nebulosa alquimia en la que dejaste de querer la vida. ¿De qué está hecha la felicidad? ¿Qué es lo que nos venden ahora y por siempre? ¿Es un invento televisivo para tenernos amarrados? ¿Es cosa desde la utopía o desde la distopía? Qué lúgubre y vulgar resulta creer en esa artimaña. ¿Qué clase de invento es ese que te hace creer en cualquier cosa? Buscamos y buscamos, ¿a qué sed obedecer si es entera esta derrota? La felicidad no existe, es toda una entelequia. Es una banalidad que se desmorona como un castillo de naipes.
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