Plegaria solemne de un garrulo
Sé que digo haiga en lugar de haya. También sé que digo arradio en lugar de radio. Y digo tamién en lugar de también. Pero conozco el motivo desde que mis antepasados lo hicieran todo de un color esperanza y les acogió el ruido del tambor, que acogió la sombra de la tierra. Sé que los antiguos inventaron el bongo dándose palmadas en la barriga. Conozco el humo en su acuarela de grisalla según se queme el roble o el pino, el papel, o la paja seca. Conozco el canto silvestre de las aves en las temporadas de apareamiento. Podría relatarles todo mi manual de supervivencia en mi conversación con la naturaleza, entre mi craqueado de somnoliento vestigio de este sueño que me puede. Quiero que pienses cuando lo veas todo negro que puede mejorar o empeorar. Y de eso nadie tiene la culpa. Pero puedo decir que nadie puede salvar mi corazón loco, porque soy la tragedia de mis progenitores sin haber muerto. Volveré a veros padres. Pero cuando eso ocurra, yo ya seré otro hombre, seré fuente de amor. De mi debieras saber que tengo una deuda con la calle, la misma calle que me hizo dependiente. Quiero y quisiera que las canciones se pueblen de esperanza, y no una amapola que de un día para otro se marchita. Quiero y quisiera ser un cactus y lo soy, y lo soy, lo soy.

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