Fiera, ¿has comido hoy?



 Espero, tranquilamente, yo espero a que me coman las fieras. Primero me atacarán por la espalda, luego desnudarán mis carnes a golpe de colmillo, después vendrá la carroña a finiquitar las sobras. Me siento perdido en esta sabana que es un secarral. Soy carne esperando para la saciedad de las fieras. Soy un antílope que salta y corre por la estepa africana de manera que se pone alerta ante la presencia de las fieras. Pero yo no voy a huir más. No tengo miedo, pero espero el sacrificio. ¿Fiera has comido hoy? Todo vuelve el mismo día como una carta de arrepentimiento que suscribe el vicio de las putas y las zafias. A mis espaldas es fácil merodear los lugares que siempre frecuento, pues no salgo de mi casa. Espero la larga hora de mi agonía, quizá lo vean absurdo, pero conozco la halitosis de mis verdugos. La huelo a distancia. Tengo un radar que se dispersa en lo que me rodea y no es ni cercano ni lejano, simplemente está ahí. Esperando y esperando a que baje la guardia. A que me confíe. Pero lo que no saben o ignoran que podrán llevarse todo lo comprado por mí, pero jamás se llevarán mis poemas. Porque he eyaculado mi semilla noble por todos los rincones de este viejo mundo.

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