Ambos Mundos


Dos hermanos son, uno quería pensar libremente y aludía a la anarquía como un bien común, como un pensamiento libertario del que no importaban ni las maneras, ni las formas. Creía este que el mundo dentro de una libertad colectiva fuese un nuevo mundo del que repudiaba todo sometimiento y creía que el ser humano debía ser lo más libre posible, y detestaba el poder, el ansia de poder que existía en el mundo, y era por eso que odiaba las jerarquías y las imposiciones. El otro, creía en el pensamiento como un artefacto luminoso, como un redil de paz y armonía, y menesteroso era, a la vez que importante, todo aquello que resurgía desde la buena fe sin resentimiento alguno. Creía que era necesario pensar como el que poda un bonsái, como quien trabaja un haiku, como un orfebre de la botánica o la jardinería. Lo que uno amaba, el otro lo detestaba. Lo que uno pensaba, el otro creía que era libertinaje. Difícil es el mundo habiendo estas dos maneras o formas de pensar. Se puede ser libertario, lo que no se puede ser es un dogmático. Tampoco se puede ser una mujer o un hombre adoctrinado, aunque en el amor se cimentaba el bien del mundo. La alegría la veían los dos de maneras distintas. Para uno la alegría pertenecía a la libre idea, para el otro la alegría estaba erradicada en el respeto. Para uno se inventó la soledad, para el otro la familia numerosa.

 


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