Karma



 Las acciones se quedan en el tiempo como un karma coagulado que nos penetra, sólido, espinoso y postergado a medida de que nos andamos olvidando. Cuando nos encontramos con el karma (sea bueno o sea malo) nos preguntamos qué hemos hecho, a quién debemos ese momento inusitado, cómo un juicio perpetuo en el que no habíamos reparado se nos complica en un momento dado. El karma es el justiciero en nuestro tiempo. El karma es avance y retroceso, es el equilibrio en que se paga todo lo ocurrido hogaño y antaño. El karma es un equilibrio que nos pertenece desde aquel error que jamás habíamos pensado volviera desde las huellas como un aroma de un pasado. En un momento inesperado nos llega una deuda que nos hace pedazos como una justicia ciega y heredera a la que tememos con la ligereza de los años y la vamos descartando en todo lo que emprendamos. Es un cascabel vacío, es una falsa moneda, es un acto en el que jamás hubiéramos planteado salirnos del esquema como en una novela. Es exposición, nudo y desenlace, es la génesis, la exégesis y el teorema, es aquello que nos aprieta como cuerdas de una guitarra en la que afinamos cuerda tras cuerda.

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