Consagración



Cuando un escritor se consagra en los peldaños más arriba del mundillo literario a muchos se les sube el ego por las nubes. He visto a personajes que perdieron su sencillez natural para acabar siendo soberbios, prepotentes y sibilinos. Un escritor es mejor que fracase muchas veces para tener en cuenta las veces que mordió el barro. Hay escritores que se atribuyen la mayoría de edad literaria tan solo por el hecho de que pueden dedicarse a la escritura. Se comportan como siempre llevados a darnos una lección sobre literatura. Consagrarse como escritor es a veces un hecho de puro alzamiento que ellos creen los encaminará hacia la posteridad, que ellos creen será eterna, pero pasa la vida. Nos morimos, y siempre, digo bien, siempre, es el muerto el que pierde. La fama literaria es un fogonazo. Como un fuego fatuo. Consagrarse a las letras no te aporta ninguna prerrogativa. Conozco escritores con talento que no han publicado ni una sola novela, sin embargo, ellos leen, y leen, y leen. No quiero citar nombres ni en lo bueno ni en lo malo. Los escritores del siglo XX si se han consagrado al mundo de gloria y eternidad y siempre serán esporádicos referentes. Pero un escritor del siglo XXI está condenado a desaparecer. A dejar, no todos, un fragmento de fama y de prosperidad que acaba tarde o temprano. Todo escritor debe saber que la mayoría de edad literaria no te da el poder de nada, y si te lo dan no debes ser pedante, soberbio, ni reírse de otros escritores menores. Por muchos premios y dádivas que les otorguen.

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