Capplannetta y la divinidad
Es cierto que a veces no hay presencia de Dios, pero la vida me ha enseñado que la justicia es divina, aunque no lo entiendan algunos. La justicia divina empieza a ser realidad cuando entregas tu fé a la gran verdad de los hombres. Yo no creo demasiado en los seres humanos, y ellos tampoco creen en las personas como yo. Pero lo más curioso de todo es que Dios está en la naturaleza, y no en los hombres. Los seres humanos están repletos de egoísmo y maldad. Desde que Dios dotó a algunas personas con distintos dones a otros los dejó sin ellos. Ayer vi a un niño de un año en una burbuja, o sea, un niño burbuja. ¿Qué ha podido hacer este niño para verse encerrado toda su existencia entre unas cristaleras donde el niño se apoya queriendo salir a explorar el exterior? A vivir como un niño debe vivir. No encerrado entre cristales, sino descubriendo el mundo que le rodea. Yo tengo sobrinos y no quiero, es decir, me aterra la posibilidad de que se vean así. Ya no porque sean mis sobrinos, sino por el amor a mi familia y a toda su descendencia. Que Dios permita esta clase de cosas te hacen pensar hay que vivir la vida y sin descanso amar. Amar es algo que no se aprende, surge de nuestro corazón y lo que enamora a veces es una cosa que aceptas con cierto desencanto. No quiero escuchar sermones, ni voy los domingos a la Iglesia, pero creo en un Dios equidistante entre la naturaleza y los sentidos. Que Dios es amor, que es el creador de todas las cosas, a veces creo que se equivoca. Por que ¿qué ha hecho una criatura para estar enfermo? Los padres, pienso en los padres, seguramente están como locos, con razón.

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