contar historias
Es un lúcido deleite el contar historias no
contadas nunca. Se concibe la naturaleza de ficcionar entre la
naturaleza de decir la verdad para ser justo y evocar ensoñaciones que
nos saquen de un tedio de pesadumbre. Hoy podía contar tantas cosas que
mi corazón vivió entre la fibra de otras verdades u otros corazones que
al compás de la alegría y la euforia se fueron apagando hacia tiempos
de lentitud y hacia tiempos de dicha disfrazada. Hoy puedo, lo sé,
contar la historia más dulcemente engañosa en la que sueñe el peregrino
de almas que donan, contar la historia aquella del Chano, hombre de
coñac y caspa en los hombros, la historia del músico saxofonista de jazz
que se perdió entre otras historias ya contadas, inventar por invertar,
crear para destruir, destruir para crear de nuevo desde la nada
absoluta, la hoja en blanco, pared de medicina mezclada con tinta china
en la que una hormiga deja sus huellas al lector ocasional, virtud de
bálsamo redentor en la que el consuelo es una mitad que pisotea
encabezonado a la tristeza.
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