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Capplannetta y los colores

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Yo, que me bordé todos los colores del mundo en mi entraña para encontrar a Dios. Yo, que me esforcé en no llorar a través del que me ve enteritas las carnes, ya que la noche no tiene paredes. Yo, que asumí mi derrota después de haber vivido en el azul de algodones y me convertí en la oscura promesa oculta de los magos del momento. Yo, que quise ser todas las personas y ninguna de ellas me mostró su corazón, es más, me negaron darme la mano, y él desprecio me llevó a mi prisión del destino. Yo, que di y que no di, que soñé con el amor morado de los besos de raza pura, como etíopes mujeres que pregonan su amor de desvelo. Yo, que aprendí de la amistad, que entregué mi corazón, para nadie llegó a ser, pues eso no tiene hoy importancia. Yo, que tengo una soledad de silencioso cementerio y la campana de cristal se rompe, con la compañía de los que se ríen del agua tan mía estancada. Yo, que fue títere y fui marioneta, que fui payaso y fui héroe de la mentira. Yo, que no creo en los salva p...

Capplannetta y los hermanos Santa Cruz

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Nicomedes Santa  Cruz Gamarra tenía una hermana llamada Victoria. Nicomedes escribía décimas y su hermana Victoria narraba el hecho de desterrar la piel bajo las quintas y jirones de las calles del barrio La Victoria. En Perú lo estudian las niñas de uniforme a cuadros recitando al unísono A cocachos aprendí/ mi labor de colegial (….). Sin embargo Victoria era una luchadora que comprendió con cinco años nada más que le llamaban negra…y decían… Y me gritaron negra, negra, negra. Y valiente y enérgica decía Sí, soy negra, negra, negra. Entre Nicomedes y Victoria sacaron los “colores” rojos, por supuesto, a blancos que desafiaban llamándolos negros despectivamente. Porque negro era su color. Nicomedes murió en Madrid, y fue un gran compositor de las décimas que siempre enseñaban algo. Nicomedes (con sus décimas “rimadas” hizo suyo el estilo). Y Victoria, con sus performance y poemas reivindicó una fuerza y un orgullo que dejaban perplejos a los blancos amurallados de Miraflores y San ...

Capplannetta y la buena vida

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Envidio a la gente que vive en un hotel y se tumban en un diván y dicen eso de:—Esto es vida. Porque ¿cómo se puede saber lo que es vida para unos y fracaso para otros? Yo estoy en la mitad de cada una de estas opciones, porque me digo cuando estoy tranquilo en mi casa:—Esto es vida, pero la mayoría de las veces mi vida no es vida. Y no es porque no sepa vivir como un Gourmet o un vividor, o un playboy, es sobre todo una debilidad, una zona herógena que me hace vulnerable. Sé disfrutar, pero todo disfrute conlleva un saldo en la cuenta corriente. Y la verdad, odio los parques temáticos, Barcelona es uno, pero ahora según me ha contado un amigo Guipúzcoa se está convirtiendo en otro parque temático. Tienen la Playa de la Concha, las tabernas y el festival de jazz y cine. Repito, me gusta vivir la vida pero no haciendo de mi vida un endeudado. La vida, cuando es vida, es más placentera que los que tienen vida y dicen;—Esto es vida. Pero la vida da vueltas y a veces nos escupe. 

Capplannetta desatado

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Me juzgas llamándome cobarde, sí, cobarde. Tú no sabes lo que es intentar un anhelo, un deseo. Tú no sabes lo que es eso. Intentarlo una vez, cien, mil, miles, millones de veces. Y abrazar el fracaso. Agarrarlo como tierra negra que campa en el monte. Tú no sabes lo valiente que es enfrentarse a ciegas a un hormiguero de salvajes seres sin alma. Tú no sabes lo que es pronunciar un tabú como el que abraza a la muerte risueña y impávida. Como un perro que pelea entre sangre de cicatrices por dentelladas de rabia. Tú no sabes lo que es notar una presencia extraña en la noche cerrada de los oquedales en invierno. No conoces la mortaja fría de los que también dijeron de ellos que eran unos cobardes. Y se enfrentaban a la guerra de toses, maldiciones y tropiezos. Porque el hombre sabe lo que duele, y acostumbrados al hielo de los lagos helados saben el futuro que les espera cuando la primavera los deshaga, y el verano culmine la faena de quemar la mañana más pura todavía. Tú no sabes lo que ...

Capplannetta cansado

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Se muere mi reloj y yo que conozco la hora por el sol me pierdo hacia ninguna parte. Estoy cansado de que no se respete mi naturaleza. De que la mirada la tenga disuelta entre bromuro y lívido embalsamada y enriquecida con testosterona. He ido averiguando silencios que me han atropellado de camino a casa. Estoy cansado de no mirar, de que me vean, de no tener, de no poder ser, de la única verdad sobre la tierra. ¿Porqué hay extrañas criaturas en los filos de fríos cuchillos? Todo es sacrificio como una cáscara vacía. Es el cansancio con el que lucho después de ser yo. Cansado de querer la paz y que pocos te la den. Hay vicios y pecados en el entrecejo de Caín, sombra de pájaro negro cruza por el desierto sin fronteras. Estoy cansado, de contemplar mi vida rota y amigos que perdí y perderé. No confío en el bisturí ni en biopsias de los amaneceres que hacen lamento para los cíen reyes de la noche. Estoy cansado de repetir el miedo a mi desnudez. Estoy cansado de ser luciérnaga nocturna ...

Capplannetta y el botiquín

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  Como tomé tantos analgésicos y ácido acetilsalicílico me hice inmune a las fiebres de noche en bata manta. Ando despacio por los desvanes del opio. Y me conformo entregarme a la anestesia general aunque después sude o vomite los restos de dormidera. Busco en habitaciones con eco la huella hereditaria del agua oxigenada. Que no me vengan con ansiolíticos y benzodiazepinas que luego desvarío entre el síndrome de abstinencia y las rayas de autopista. Azul, azul celeste es el Viagra de los pobres, y entre ellos un sol de Risperidona me llevan a la mazmorra oscura, o tal vez al cuarto para pensar, ya que en esta vida hay mucho en qué pensar. Alcohol para dormirme en los bordes de una cama. Antibióticos que ya no hacen nada y remedios caseros que son costumbre sesgada y repetida, ya que los hombres adultos no creemos en las princesas azules, ni en Blancanieves disfrazada de clorhidrato de cocaína. La serotonina no la toman ni los que les comió la lengua un gato. He aprendido a lamerme ...

Capplannetta y la cantimplora

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Lloro con la sequedad del agosto, sumergido estoy en una manera rara de vivir. Respiro porque oxígeno preciso pero me ahoga en los intervalos de voces que son mías. La angustia y la promesa de no ser nadie me han hecho un traje a medida con las nueve plegarias de razón sola. Canto, luego canto, y después implora. Soy emisario de la volatilidad efervescente de un pensamiento incauto. Vivo en una cárcel y soy yo el que posee las llaves de las celdas. A un mar me metí entero y el salitre y el yodo se unieron ante la cicatriz reciente, quise curar mis males con conversaciones sin hueso, hablar y de tanto hablar, se secó el lagrimal escocido. La muerte me espera en el baile, todos los que me conocen lo saben, por eso huyen de mí los obituarios y las esquelas del miedo. Un día partiré desde mi mundo de elegantes zapatos y camisas de seda, no pretendo ir desnudo, pero hay miles de formas de desnudarse. La mejor es la que te invita al amor con gozoso gemido. Las chicharras del silencio roto se...