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Capplannetta y la sangre caliente

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Con lo arrebatadora que eras todos los días, dos horas, en la suerte de Likes allá en las redes sociales. Y ahora andas sonámbula propagando spam allá en los correos no deseados. Te lucías con tu prisa vegetal en los relojes, eras guacamayo, aurora y semilla, siempre aniquilando voces con tu no maltrecho, te vestías con sedas brillantes, con oropeles manchados de nicotina decorabas tu casa, te reías de las cadenas de los esclavos del planeta, propiciabas el regreso al amanecer, ya no hay porqué mirarte, te pusiste gorda de los barbitúricos que tomabas, antes tenías cuerpo atlético, eras escultura, qué bella eras, con esos ojos grandes como lunas con eclipse de planetas pequeños, te ahogabas en té todos los días,   no salías a la calle sin tus gotas de Chanel número cinco, qué elegante ibas siempre, yo te pregunté: -¿Te vienes a una boite? Tú dijiste que qué era eso, yo te contesté: -La gente normal lo llama discoteca, tú contéstate que no, que eran sórdidas e iba todo el ...

Capplannetta contra el orgullo

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La palabra orgullo tiene varias connotaciones, tiene la buena, que es resultado de sentirse orgulloso de algo o alguien, y la mala, que es una mezcla entre aires de superioridad, prepotencia y soberbia. No estoy en contra de la buena, lo estoy contra la mala, porque esa gente que tiene un ego orgulloso se hace daño a sí misma, son gente que ni perdona ni olvida. El orgullo de estas personas suele traicionarles muchas veces, ya que ellos mismos se dan cuenta de que el orgullo en sí no sirve de nada y muchas veces se tienen que bajar del burro, dicho de una manera sencilla, se retractan o se quedan solos y ellos mismos se tienen que lamer las heridas, como perros abandonados. El orgullo de uno es doloroso para todos, pero también es doloroso el orgullo de muchos, sobre todo de las personas con cierta dosis de fanatismo, éstos son los peores, pueden hacer verdaderos estragos a todo aquel que no tiene las mismas ideas. Este fenómeno habitual en la sociedad española, es abundante en...

Capplannetta se rasca mientras orina

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Tal vez, algún día, este Capplannetta que os habla, desde algún lugar del hemisferio norte, sea como una especie de héroe caricaturizado, no ya como Don Quijote, ni como Fausto, sería una mezcla de los dos añadiendo nitroglicerina, no pretendo ser vanidoso ni pretencioso, pero éste hombre, éste rebelde con causa, éste outsider, llegue a querer ser aquello por lo que ha luchado durante toda su vida. Una mezcla de payaso, con unas cucharadas de poeta ripioso, con unas pinceladas de loco, travieso, sabio, rey, mendigo, tonto a veces, aunque quizá algún día encuentre aquello por lo que llevo luchando media parte de mi vida, y es la libertad, el libre pensamiento, no es imposible, pero no está en este mundo, al menos en el subsuelo que me ha tocado vivir, es mezquino, es rencoroso, egoísta, y opresor. Sería una idiotez por mi parte dármelas de ángel, de iluminado, pero la vida es misteriosa, a pesar de que tiene ratos de tedio y de agonía es maravillosa a veces, nada más por esos mo...

Capplannetta y la cultura del final feliz

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El final feliz es algo abstracto que tiene dos vertientes, la que seguimos en mayor o menor grado a través del cine, o la literatura, y en otros ámbitos no tan comunes como en los dos casos anteriores. Y la cuestión es: ¿en qué parámetros podemos priorizar el final feliz en la vida diaria? Esta es la segunda vertiente, y la respuesta está en lo que cada uno crea o estime como felicidad. La insatisfacción es siempre nuestra manera de ver la vida, porque al ser humano siempre le falta algo, tenemos poder y aún estamos insatisfechos, tenemos fama y ocurre también lo mismo, incluso con el dinero, ya que hay gente tan estúpida que quema dinero y lo graba en vídeo. ¿Por qué debemos tener derecho todos y cada uno de nosotros a la felicidad? ¿Por qué ansiamos con tanta hambre el final feliz? Los padres de la psicología lo atribuían al sexo, pero no es eso, hoy en día el sexo es tan fácil como el dinero fácil (valga la redundancia). Queremos ser felices sin entregar nada a cambio, porqu...

Capplannetta y su nueva criaturita

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Tengo una hermana embarazada y voy a publicar en breve una novela, no es la primera vez que publico, aunque esta vez es distinto. Sé que no tiene mucho que ver el embarazo de mi hermana con la publicación de mi primera novela, pero a mi parecer tiene algunas similitudes al respecto. Digamos que escribir una novela es como hacer el coito para engendrar a la criatura, tienes satisfacciones, te lo pasas bien, y a veces tienes orgasmos escribiendo, digamos que es una especie de éxtasis, Roberto Bolaño dijo alguna vez que el éxtasis de escribir quemaba, puede valer, pero a mí no me quema, me proporciona evasión satisfactoria. Bien, empezamos escribiendo por la cópula hemos dicho, luego está el proceso de saber, que podría valer la hora de buscar editor, hay muchas editoriales, pequeñas y grandes, pero la “gestación” es difícil, y llena de frustraciones, haciendo una alusión al hecho de engendrar lo asemejaría con el tema del predictor, el dichoso predictor, que puede dar una negació...

Capplannetta se contesta a una pregunta

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Siento, o mejor decir, presiento que este mundo tiene arreglo. Presiento que aún se puede salvar el planeta Tierra. Se puede salvar de sus presidentes cretinos, de su deforestación salvaje, de su fanatismo sin medida, de su gran rebaño de mediocres, de su estupidez infinita. Cierta vez le preguntaron al fallecido ya José Antonio Labordeta que en qué personajes creía en el mundo que le dieran esperanza, y Labordeta contestó: Los Simpsons, Manu Chao y Joaquín Sabina, y me hizo bastante gracia, ya que añadió que en lo demás la Esperanza la había perdido. La respuesta de José Antonio me pareció interesante, y yo me hice la misma pregunta unos años más tarde, y tardé en contestármela, para mí los personajes que me dan mucha buena vibra son muchísimos, pero si tuviera que decir tres al igual que José Antonio Labordeta serían Sean Penn (el actor estadounidense), José Mujica (el expresidente uruguayo), y Greta Thunberg (la activista ecologista). Los tres me dan esperanzas de que este m...

Capplannetta pasajero

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Hace unos años, en un vuelo Lima-Madrid, después de dieciocho horas para embarcar, me embarqué solo en los asientos de la izquierda, de cara a la cabina, me senté y al rato, cuando el avión despegaba una chica joven del asiento de al lado lloraba y miraba unas fotos, la chica lloraba con un sentimiento muy profundo, se le caían lágrimas mezcladas con rímel de sus pestañas, con lo cuál, eran unas lágrimas negras, tal y como recordaba a la canción. Le pregunté: -¿Son tus hijos, verdad? Y me contestó un sí tremolante, y añadí: ¿qué edades tienen? Me dijo que el pequeño tenía un año y dos meses, y la niña mayor ocho años. Le di un pañuelo de papel para que se limpiara las lágrimas. Le volví a preguntar después de haberme dado las gracias: ¿vas a Madrid a trabajar? Y me contestó afirmativamente y añadió que iba a alojarse en una casa de su tía, me contó que la hija mayor iba al colegio italiano Antonio Raimondi; lo recuerdo porque he pasado por ese colegio desde un taxi. Cuando habl...