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Capplannetta y su cafetera

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Existen miles de formas de tomar el té, pero también existen muchísimas maneras de tomar café. Yo prefiero el café. ¿Qué haría yo sin mi cafetera eléctrica donde me suelo hacer esos cafés tan maravillosos? No me gusta el café demasiado cargado, suelo tomar café americano en taza grande. Aunque a veces me lo hago en tazas pequeñas o en vasos medianos. Antes bebía café de una cafetera italiana, pero la eléctrica es más práctica y cunde más. He dicho que suelo beber café americano, pero ¿quién se resiste a un arábiga en su punto justo? Cuando hago vuelos cortos, que últimamente es nunca, suelo pedirle a la azafata un café arábigo con sacarina, aunque me cueste 6€, me da lo mismo, no me sobra el dinero pero es una delicia. Tengo un amigo venezolano que tiene una plantación de arábigo en Venezuela, en un pueblo. ¡Qué gozada! El café es un modo y una excusa para reunirse, conversar, hacer tertulia, cuántas tertulias ha habido en España, Argentina, Uruguay y tantos y tantísimos países...

Capplannetta y el mundo interior

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Conozco gente que ha vivido muy poco y no lo sabe, tal vez lo intuyen (aunque tengan experiencias que prefieran no contar por pudor) ya que existe gente de bien que se ha pasado la vida trabajando, también aunque algunos hayan vivido en distintas ciudades no tienen casi mundo interior, que quede claro que no es un reproche, ni una crítica con mala baba, ni pretendo ser pedante ni presuntuoso, cada cual ha vivido la vida que le ha tocado vivir, y la vida no es sólo un paseo por el largo ir y venir del deambular por el anecdotario personal e ir de paso ocasional por el mundo inmundo, la vida es también un poco perder la cabeza en un momento dado, ensuciarte de barro de vez en cuando, volverse loco de verdad, la juventud consiste en empezar a comer por el postre. No obstante, se puede haber vivido la vida como espectador, y muy pocas veces como protagonista, esto indica un grado, ya no de cobardía ni timidez, de timorata manera de vivir, que a mí en otro momento me hubiera hecho f...

Capplannetta y los buenos momentos

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A veces existen momentos en los que estás triste y amargado sin saber porqué. A eso lo llamó un estudiante de psicología en su tesis hace muchos años Melancolía, y creo que es la palabra perfecta. Hay momentos en que no se aprecia bien la suerte que tienes al estar vivo porque parece que siempre nos falta algo, algo que necesitamos y no sabemos cómo denominarlo ni podemos resguardarnos de ese momento, pero se está triste y no sabemos a qué es debido. Cuánto echo de menos el estar con gente y disfrutar de cualquier cosa que en ese momento no la disfruté del todo y ahora te das cuenta y sí la disfrutarías, sobre todo ahora en verano. Nunca más desperdiciaré el tiempo con alguien tomándome una cerveza, o yendo a comerme un bocadillo, o en una boda donde estás con los tuyos. Pero la realidad es que nos acordamos de lo que teníamos justamente cuando no lo tenemos, y esa es la vida, tampoco es preferible esperar a que las cosas pasen, pues todo tiene su momento y si ha de venir vend...

Capplannetta y la sociedad de hoy

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Seguramente os habéis dado por aludidos cientos de veces en los temas que ahora propongo, pero en este tema, en especial este, este en particular, es parte de nuestro día a día y os tiene que sonar a parte de la cotidianidad a la que esta sociedad nos tiene (mal) acostumbrados. En primer lugar diré que esa felicidad que anuncian en las televisiones, esa alegría de la que goza esa gente esbelta, guapa, bien vestida, con dentadura perfecta, esa gente feliz partícipes de una sociedad multicolor, de una sociedad donde no hay problemas, donde todo es fantástico y maravilloso, esa sociedad no existe, y ustedes eso ya lo saben y lo sabían desde hace tiempo, qué digo, desde que el mundo es mundo es así, esa sociedad no existe. Vayamos por partes, te venden el hecho de ser feliz para venderte un producto, ese producto por el anuncio que televisan es elitista, inalcanzable, marginador, excluyente y sobre todo es esencial para tu felicidad. Te miras al espejo, comparas, razonas, te ves co...

Capplannetta sin recreo

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No pido compañía en mi larga travesía por el desierto, no pido compasión, ni misericordia, ni lástima, ni todas esas cosas que huelen como un abrigo de mierda. Pido una respuesta, estoy preparado para ello, no me cogerá ésta vez de imprevisto. En el paraíso de hormigón y acero andan como una plaga de ratas los escogidos por la suerte para llevar cadenas de esclavo, de esclavo de sueños que se esfuman en la aurora, yo también soy un esclavo, y para mí también se acabó el confeti y la cocacola, el recreo y el viaje de fin de curso; escribe, escribe, escribe, reúnes un amasijo de palabras y las quieren gratuitas, encima te piden una dedicatoria, tu único consuelo, dos viejos que se entregan cada día a un doble sacrificio, escarban en el amanecer una razón que les diga si vale la pena vivir. Capplannetta, guijarro nimio, ¿por qué te empeñas en seguir escribiendo? Nadie te despedirá con un réquiem insaciable que se coma a los ilustres gusanos de esta miserable vida de ostracismo y m...

Capplannetta y el irse poco a poco

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Yo pensaba que mi futuro era la luz de los trajes de lentejuelas, los domingos en el campo, el café con magdalenas, yo pensaba que eras para siempre y que te terminabas cuando la fiesta acabase, yo pensaba que me querías despacio, sin prisa, que el dinero era una herramienta con la que se suplanta al tedio, yo pensaba que comeríamos perdices, y que nuestro cuento no acababa nunca jamás, yo pensaba que no había problemas con venir a trámite, en luchar contra reembolso, en reírnos de nuestros apellidos, y mearnos en la burocracia de los meapilas, así, así, como mear a la corriente eléctrica, yo pensaba que no te irías de mi lado, y que no te convertirías en estatua de sal al mirarme ya vacío, te hiciste de ceniza y te esfumaste con el viento, y a mí no me llevó porque llevaba piedras en los bolsillos del sueño, yo pensaba que repartías dulzura y que no me empalagaría tanto azúcar en este fragmento de tiempo amargo, ya no acudo a los simulacros de sexo duro, ahora consumo porno du...

Capplannetta y el cuervo negro

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Siempre le seguía una incómoda sombra negra, no le dejaba tener un momento de paz, él creía que esa era la sombra alargada de Caín. Los ancianos del lugar lo llamaban El cuervo negro, ya que era una sombra   negra, tenía la forma y la apariencia de un pájaro negro, que a todas partes le acompañaba. Volvió a su lugar de origen después de los años, y allí se encontró con vecinos ahora ancianos, con compañeros de la escuela primaria, con primos, y gente que era parte de su familia, y todos veían en él esa sombra negra. No gozaba de amistades en ninguna parte, la gente lo rehuía y sus padres, ya mayores, lo querían pero también veían en él esa especie de malditismo que le seguía por doquier. Muchas veces pensó en hacerse ermitaño, en vivir de los frutos que le diera la tierra, en beber del agua del pozo, yo mismo me lo encontré en el bosque aledaño a la aldea. Tenía cara de malo, aunque no era maldad lo que brotaba de su silencio, creaba su mirar una oscuridad temible y una cie...