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justamente tras un porvenir

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Justamente unos días después de nacer mi madre juró que no sería un loco jamás, algo al nacer en mí traje puesto de la calle, pues no halló respuestas y la calle me engulló hacia adentro y mi madre preguntaba por mí a los conocidos. Comí tanto de ella que ya no la traigo consigo, justamente unos días de yo nacer por segunda vez mi madre lloró de mí en el delito, el delito de ser hombre y no de cualquier manera. Viniendo de gente honrada, siendo pobres y siendo aquellos años tan grises, fueron hechos por comer de aquello de uso manoseado los que en la martingala el plomo calentaron. Me llamo Cecilio, justamente como mi abuelo, sí, el paterno, sí, justamente ese,   tragedia entre accidente y simulacro absurdo, actitud de debacle que se previene o se intuye, anocheceme de olvido, ¿adónde diablos se está mejor que en la casa de tus padres? Pues no, nada que ver, yo soy muchacho de mundos tras un porvenir, mi abuelo se crió sin padre.

dinero

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Dinero, se puede hablar de todo menos de dinero, eso dicen los caballeros porque da pie al embustero, da de qué hablar al basurero, y allí en los diciembres tabernarios da que pedir a los niños un regalo, y emplean los abrigos los funerarios. Dios mío, qué tendrá la palabrita del dinero, mueve envidias año tras año, a los legítimos los vuelve bastardos, dar fiado es estrés de panadero, da un traspiés su puño un odio acostumbrado la porca miseria de aquél testaferro. Dinero, vida y muerte es el dinero, hace felices a los mamarrachos sin gastarlo y poseerlo, da borrachera a los borrachos tan solo con verlo es beberlo, para el dinero nunca hay peros y es hambre a contrapelo.

en un cuarto

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En un cuarto, ya que los fumadores somos unos apestados, invoco a la Navidad de mis primeros días y no hay un antiguo martirio que resucite a esos años, comida bien cocinada y el reproche botarate que viene a tu encuentro de abrazada alegría, han pasado unos años y de todo aquello (que de ensueños mágicos respiran akelarres de sacrificio, y ya de amigos que se van a dormir más temprano) las noches huyen entorno a una copa de vino vacía, o a una frecuente osadía de mezclar mañana con madrugada herida.

el nieto de Amut

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Soy el nieto de Amut Shankar, sultán que murió de amor en su palacio de Noralia. Vivo tras el eterno resplandor que en el eclipse solar se halla, vivo consagrado a un Dios singular, que une cielo, tierra, noche y alba, busco un hola y un ya te vas, busco redondas canciones que hablan de el hombre y su deambular allá por el bulevar y la plaza blanca, me siento en el trasiego de la mar, me siento allá donde la playa es ancha, me quisieron mujeres de sal, mujeres finas como cristal de agua, ya no busco pues me tienen que hallar allí donde en las caracolas vacías otra mar te llama, soy el nieto de Amut Shankar, sultán que murió de amor entre sándalo y acacia.

reflexión sobre madurez

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De adolescente se vive una especie de locura alegre, que por suerte o por desgracia, se cura con el tiempo. La euforia adolescente es algo efervescente y se evapora con los años. Se vive una exaltación y todo momento es jovial y siempre existe lugar para la diversión. Pero cuando llegas a cierta edad la alegría efervescente ya evaporada se apaga para ver las cosas desde la distancia, con mesura y siempre con control sobre sí mismo y lo que te rodea. Quizá sea esa la razón de el porqué la vida adulta es lenta y aburrida a ratos. Se acomoda la soledad, cada cual sigue con su vida, y esa euforia y esa locura inmadura queda impregnada en nuestro cerebro esperando, tal vez se pudiera repetir en algún momento dado. Me vienen a la cabeza aquellos versos famosos del poeta nicaragüense Rubén Darío: Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro, y a veces lloro sin querer .  Bien, en esto consiste la vida de adulto haciendo hincapié e...

lo de afuera y lo de adentro

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La conclusión que saco de la vida es que unos tienen la fuerza suficiente para agazaparse adentro como la pelusa en los rincones, cada vez más y más grande, como si algo en nosotros intuyera que quedarse afuera es para siempre; luego están aquellos que siempre viven para lo de afuera, hablan solos, fingen normalidad, ellos para siempre afuera, viven para los demás y están enfermos del "afuera constante", como si no entendieran que la vida nace perpleja y luego se encadena a la luz de una bombilla, perenne, quieta, fija de incandescencia, la vida para afuera condena a la locura interior, mientras que la vida de adentro brota de silencio hasta que muere.

oye niño

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Oye niño, los vulgares Te pincharán el espinazo Si te metes en los zarzales, Ay, mi niño, dale esquinazo A quien no sepa lo que vales, Pues tú, guardián del lazo Ata bien lo que tú sabes,   No des coba al cañamazo, Hazte sitio, haz tus planes, Que la zarza al enganchazo   Lo llama actos casuales, Corre niño, haz reemplazo, De aquello que en carnavales Lo llaman el batacazo. Come pan, ves con los zagales Que no hay penas con bocado Ni risas con noches saturnales.