Capplannetta y la herrumbre
Cuando mi padre venía del trabajo desprendía un olor a herrumbre antes de ducharse. No es que eche de menos que mi padre trabaje, sólo echo de menos ese olor a herrumbre, como trabajador del metal que ha sido durante treinta y cinco años (se dice pronto) asistiendo a su puesto de trabajo hasta con gripe. De aquellos barros vienen estos lodos, pues quedó con dificultades para respirar y perdió el olfato. Echo de menos la juventud de mi padre. Ahora no es que sea demasiado viejo, pero recuerdo cuando iba a su encuentro a darle un beso, pues mi padre tenía por costumbre darnos un beso a todos cuando se iba y cuando regresaba. Ahora echo de menos el olor a herrumbre, y su beso. Su beso con esa barba que pinchaba no por lo frondosa, sino por llevar dos o tres días sin afeitarse. Solamente me queda preguntarme, ¿en qué borrachera le rompí el corazón a mi buen padre? Ser un hijo problemático es algo que no me perdonaré en la vida. Me gustaría vestirme e ir donde está él y darle un beso ...